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Durante la ocupación estadounidense, Matamoros fue
puerto libre; sin embargo, las autoridades mexicanas
reimplantaron el cobro de impuestos aduanales en 1848,
con un perfil altamente proteccionista. El aislamiento y
las restricciones fiscales provocaron una profunda
recesión en la frontera mexicana –como es el caso de
Matamoros-, lo que dio cabida al comercio ilegal y a una
red de corrupción.
Lo cierto es que había una demanda muy alta de
mercancías extranjeras, sobre todo en los estados del
norte, que requerían productos de consumo básico
escasamente suministrados desde el centro del país.
Para detener el contrabando, en 1850 el gobierno
nacional creó tres cuerpos de contrarresguardo aduanal,
de los cuales uno abarcaba Tamaulipas y Nuevo León.
El contrarresguardo era una policía fiscal
dirigida a evitar el paso del comercio ilícito y a
vigilar que las importaciones estuvieran debidamente
documentadas por la aduana. Pero la presencia del
contrarresguardo fue motivo de resentimiento en la
población fronteriza, al grado que provocó la rebelión
de La Loba en 1851, que tuvo una franca complicidad con
los intereses comerciales norteamericanos del sur de
Texas que alentaban el contrabando.
Esta situación se mantuvo hasta 1855, cuando la
revolución de Ayutla desmanteló los contrarresguardos. |